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Enrique Serpa

Enrique Serpa (La Habana, 1900 – 1968 )

poeta, periodista y narrador

www.cubaliteraria.cu/autor/enrique_serpa

Contrabando , primera edición, Ediciones Álvarez Pita, 1938. Premio Nacional de Novela

… contrabando de alcohol; contrabando de sentimientos; contrabando de pensa­mientos, para adormecer mi conciencia, que a veces protestaba. Pero ¿qué era yo, hipócrita, tímido y vanidoso, sino un contrabando entre aquellos hombres …?

E.S

VALORACIONES SOBRE EL AUTOR

Cuenta Loló de la Torriente que, al leer Contrabando, Hemingway le preguntó que por dónde andaba Serpa. “!Ah, por el Pan-American, por el Templete, por El País, por muchas partes”, le dijo y el autor de El viejo y el mar le pidió que lo llevara al día siguiente al Floridita, pues quería hablarle. Cuando llegaron, Hemingway estaba en la barra tomándose un whisky, Loló le tocó un hombro y le anunció que allí estaba Serpa. Hemingway cogió su vaso, los guió hacia una mesa y con ojo duros le dijo al cubano: “Oiga, amigo, por qué pierde usted su tiempo como repórter”. Serpa, rápido, como vuelo de gaviota, dice Loló, le respondió con su voz ronca y cascada: “Porque aquí no pagan 20 mil dólares por un cuento corto para el cine, ¿sabe usted?, y mi familia y yo también comemos”.

Sigue contando Loló que Hemingway afinó su lenguaje, dulcificó su rostro, soltó una insolencia en castellano y aceptó de buen gusto el puntillazo de Serpa. Y de pronto le dijo: “Es usted el mejor novelista de América Latina y debe dejarlo todo para escribir novelas”. La charla duró hasta las diez de la noche. Al otro día, concluye Loló, Hemingway estaba en Cojímar pescando con dos negritos en su lancha. Y Serpa en el salón de reporteros de Palacio cazando noticias. Al reeditarse en 1975, por la Editorial Arte y Literatura, la novela Contrabando, con un prólogo de la profesora y crítico Denia García Ronda, Loló de la Torriente insistió: “Contrabando es una de las mejores novelas, de todos los tiempos, escrita en lengua castellana”.

Para más de un crítico los cuentos de Serpa “Aletas de tiburón” y “Aguja” son parientes lejanos de El viejo y el mar. Lo que sí afirmo es que Serpa, al igual que Hemingway, se vinculó a los pescadores y viveristas de Cojímar, allí de hizo de muchos amigos, a los que visitaba, con ellos aprendió el oficio, a distinguir las embarcaciones, como dice Loló, a descifrar los rejuegos de la vida marinera, a conocer los secretos, querellas y aspiraciones de esa gente brava y pobre.

Si se han hecho valoraciones de escritores como Lino Novás Calvo y Carlos Montenegro, bien valdría la pena publicar en este siglo a Enrique Serpa, desde las perspectivas que dan el tiempo y la penetración de los nuevos recursos de la indagación crítica. Antes de Carpentier y de Lezama Lima, las tres mejores novelas de autores cubanos son Pedro el negrero, Hombres sin mujer y Contrabando.

Alvarez, Imeldo: “ Enrique Serpa, caricaturas personales en el 105 aniversario de su natalicio. ¨

“ Tanto Hemingway como Serpa escriben de lo que conocen. Comparten un contexto, la Cuba de entonces y, quizás por eso también, los ambientes y temas de algunas de sus obras. Son conocidas por muchos las coincidencias temáticas entre Contrabando y To Have and Have Not . Por otro lado, Hemingway había confesado en una entrevista realizada por Roberto Fernández Retamar para Alba 7 , en marzo de 1948, su predilección por la obra de Enrique Serpa: De Cuba, particularmente, queremos su opinión. Y nos dice que gustó mucho de Contrabando , la novela de Enrique Serpa donde se habla humorísticamente del escritor que solía venir a pescar agujas durante el verano en aguas cubanas ".

Hernandez, Luis Rafael “Hemingway en Cuba, Cuba en Hemingway “

Escribo que El viejo y el mar (1958), de Ernest Hemingway, es una obra hija de la literatura cubana y posiblemente algunos lectores piensen que desvarío. Sin embargo, voy a ofrecerles los argumentos que sustentan tal afirmación.

Será en 1936 la primera ocasión en que el escritor norteamericano se refiera a la anécdota núcleo de su famosa novela —volverá a ella dos veces más—. Lo hace en una crónica para el periódico Esquire, titulada «En las aguas azules». Dice que se trata de un hecho real, contado por el entonces piloto de su yate, Carlos Gutiérrez. Pero la historia parece tener una fuente anterior a 1936, cuando otro Carlos está vinculado al hombre que lucha por capturar una enorme aguja en las aguas infectadas de tiburones. Este es un niño y no un pescador profesional, será además el personaje de un cuento del cubano Enrique Serpa (1900-1968), perteneciente a su primer libro de relatos Felisa y yo. El volumen fue editado en 1937, en cambio el relato, de título «La aguja», era conocido desde su aparición en la popular revista Carteles, el 6 de mayo de 1934. Esta narración de Serpa se encuentra entre sus piezas mejor logradas por el clímax que consigue. Presenta la historia de un viejo pescador que: «Durante una semana había estado saliendo diariamente al mar […] sin que una sola aguja hubiese tocado sus avíos» y de su hijo Carlos, que lo acompaña en la pesquería hasta que encuentran «un hermoso castero» con el que entablan una pelea definitiva. «Castero» es la denominación que daban los pescadores cubanos a la aguja rayada para diferenciarla de la aguja negra. Esta clasificación aparece en los libros del sabio cubano Felipe Poey (1799-1891), en el

cuento de Serpa y también en la obra de Hemingway.

Hernandez, Luis Rafael “Hemingway en Cuba (y II) ¨

"Pogolotti lee, con atractiva modernidad, al Enrique Serpa de Contrabando (1938), una de las novelas más logradas de la primera mitad del siglo veinte cubano. Su caracterización es ceñida, escueta y no regala elogios. Al decir que se trata de un "vasto y exhaustivo fresco de la vida ribereña", no deja de señalar ciertos regodeos de Serpa en el mismo asunto que tanto atrae y tantaliza la imaginación de Carrión y Loveira: el sexo. Sin embargo, Pogolotti no repara en un hecho: Contrabando es novela de márgenes, de periferias culturales y reproduce un tipo de existencia capaz de incorporar la visualidad de la alucinación -alcohol, marihuana y otras delicias del hampa cubana-, al par que se inserta en un realismo que, bien mirado, es como un antepasado posible de lo que hoy se llama realismo sucio. Cornúa, el Almirante, las putas, esa iluminación trastornada que alcanzamos a imaginar cuando Serpa nos lleva a los bares del muelle, a la escena de una pareja bailando, al instante en que ya se consuman los coitos por dinero, son piezas de una atmósfera que sí exigía un tratamiento descarnado, vecino casi del expresionismo. De hecho algún crítico cubano ha señalado en nuestros días la filiación ocasionalmente expresionista de este Serpa de los bajos fondos."

Garrandés, Alberto: "Marcelo Pogolotti y la novela en la República"

Serpa es un poeta fecundo; los conocedores de casi todo cuanto ha producido, podemos afirmar que es uno de nuestros más fecundos poetas. La fecundidad no es, pero puede ser, un defecto, cuando no está fiscalizada por un sereno espíritu de crítica. Afortunadamente, el caso del poeta que nos ocupa es el de la unión difícil de la capacidad de crear y la facultada de escoger. Un libro suyo ha de constituir, pues, una antología.

Martínez Villena, Rubén: " Enrique Serpa ", en Poesía y Prosa , Tomo I, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1978

Comencé la lectura de su novela Contrabando y la terminé sin interrumpirla. La he saboreado bien. Así las carnes como los pejes y el adobo de sal y pimienta que supo darle sazón.

Diríase que ha puesto usted en su salpimentado guiso literario ciertos tipos reales de nuestra vida, tipos vivos que retuercen de dolor agónico al entrar en sus páginas como las langostas que metemos en la cazuela y salcochamos para comer. Y no solo tipos marineros, también los hay terreros, de ciénaga, de playa, de trapicheo y de lupanar. pero todos ellos en "carne viva". Carne de mar y de tierra, pero sabrosa, de mucho jugo como carne de manatí, que sabe a carne humana, según nos dicen los antropófagos refinados.

Es exquisita la exactitud con que usted ha pintado esas figuras y cuadritos de la Habana, y de sus bajas orillas salobrennas, como un Landaluce del día; pero con dinamia vital y con felices penetraciones subjetivas [...] Con ella [Contrabando] ya quedó su personalidad literaria en franquía; mejor aún, ya rumbea de altura y seguramente paseará su nombre por aguas lejanas.

Su éxito literario, ya es usted uno de los primeros novelistas cubanos, me recuerda a aquellos otros dos jóvenes y geniales literatos, a Rubén (Martínez Villena) y a Pablo (de la Torriente Brau), a quienes como usted, tuve tan cerca.

La van mis manos a las suyas como para las albricias de una gozosa bienvenida al paisano que llega triunfante.

Fernando Ortiz ( etnólogo y antropólogo, 1881 – 1969 ) Categoría y estatura del libro de Serpa

¨Contrabando¨- goleta de dos palos color amarillo-luna balanceándose en el mar negro-negro de la portada – nos espera. Rasgamos las primeras páginas. Comenzamos a leer. Y leemos con avidez, con fruición , con un pasmo ¨in crescendo¨que nos hace perder la noción del tiempo, del espacio y del límite. Al terminar, sabemos mucho de muchas cosas y de otras no sabemos casi nada. No recordamos si fue ayer, o hace dos horas, o la semana pasada cuando comenzó el milagro, cuando tuvo su inicio la sorpresa. Queremos hablar del libro, pero ignoramos a qué género literario pertenece. ¿Novela? ¿Historia? ¿Ensayo? ¿Poesía? ¿Panfleto?... Vida palpitante y desnuda, mezcla paradójica de piedad y de ira, restallando como un latigazo en las espaldas de una sociedad caduca y corrompida; escultura sólida de hombres trágicos circuída de un halo de esperanza. ¿De esperanza? ¿Qué esperan estos hombres , espuma de miseria, resaca de hospital, marca de burdel, carne de presidio? Son hombres. Son esclavos. Sueñan, en el fondo de sus corazones, con un mañana mejor. En ese sueño quien los mueve; es hacia la realización de ese sueño hacia donde ponen proa estos hombres del mar. ¨Cornúa¨y los suyos ríen con risa como lava cuando la canción dulzona les hiere los oídos: ¨en cada puerto una mujer espera¨… Los hombres miserables, los que para ganar unos cuantos miserables dólares se juegan la vida acara o cruz, los que se balancean, como péndulos o como guiñapos, entre las terribles realidades económicas de la pesca de la cherna y las tentadoras claudicaciones morales del contrabando de alcohol, ¿Qué encuentran, a su regreso a cada puerto, sino mujeres rotas y vencidas, qué encuentran, sino carne de prostíbulo – sífilis depauperadota, lujuria chabacana -, o carne de solar – vientres peligrosamente prolíficos, vejez prematura, desaliento, amargura, cansancio?. Volvemos a hojear el libro de Enrique Serpa. Volvemos al muelle sórdido y al mar inseguro. Pensamos. ¨Contrabando¨ ha golpeado en nuestras conciencias , presentándonos como en soberbia decoración mural un panorama de hombres reales cuya vida verdadera nos es desconocida, a nosotros, gente de la Isla, metidos en la concha de nuestra propia tragedia cotidiana. En esa goleta que va y que viene por los caminos anchos del mar, Serpa, escultor, ha tallado uno de los perfiles más duros de la agonía de la Isla. En una suerte de catilinaria franciscana , presenta al rojo vivo las esquinas más desoladoras de nuestra desequilibrada vida colectiva. Así deviene ¨Contrabando¨, libro social de noble envergadura. Nos penetra, de pronto, la certeza de que Enrique Serpa nos ha dado el libro sin antecedentes y sin predecesores, el libro de la Isla cuyo mar la estrangula como un pulpo gigantesco porque por los caminos del mar le llegan buitres y se le van palomas, en un jadeante ir y venir que atraviesa el pecho de su pueblo con las flechas de un San Sebastián aún irredento. ¨Contra bando¨ señorea en nuestras letras la alta categoría del término de comparación. De ahora en adelante, de antes hasta ahora, se dirá de toda obra de nuestros escritores que es inferior a ¨Contrabando¨, o distinta que ¨Contrabando¨,

o tan buena como ¨Contrabando¨, o mejor o superior.A la categoría comparativa ha de añadirse, por obra y gracia no sólo de su estilo correcto, terso, pulido, esmerado; no sólo de su seguro dominio de los vastos resortes del idioma, sino también de la estimación y comprensión de los pueblos de la joven América, la estatura continental de ¨Doña Bárbara¨, ¨Los de Abajo¨, ¨La Vorágine¨y ¨Don Segundo Sombra¨. Regocijo de buena ley para Cuba, que tuvo su Carrión y su Lobería, que tiene su Jose Antonio Ramos, su Carlos Montenegro y su Luis Felipe Rodríguez; que presenta los buenos libros iniciales de Ofelia Rodríguez Acosta, Alejo Carpentier, Lesbia Soravilla, Manuel Millares Vázquez, Marcelo Salinas y Enrique Labrador Ruiz. La crítica exaltará al rojo vivo pasiones y merecimientos; pero ¨Contrabando¨ha ganado de mano estatura y categoría, cuando ya un autorizado comentarista ha ¨defendido¨ a Luis Felipe Rodríguez afirmando que ¨Marcos Antilla¨ (libro de hace pocos años) es una novela que tiene con la de Serpa merecimiento par. Se ha dicho ya de otro libro que es tan bueno como éste. No queda nada por añadir.

Si nos sintiésemos capaces de esgrimir el escalpelo pragmático con ese peculiar sentido de la cultura aristotélica que han puesto de moda entre nosotros los defensores apolillados de la teoría de la neutralidad de la cultura, no nos quedaría otro remedio que negar a Enrique Serpa la sal y el agua. Los eruditos que no son más que eruditos, los académicos que no son más que académicos, pondrán el grito en el cielo. O dirán, con su tradicional hipocresía jesuística: ¨!Qué lástima, un muchacho que escribe tan bien, que podría llegar tan lejos , metido en estos andurriales, preocupándose por los problemas de una chusma que no se lo va a agradecer!¨ ¨!Hay que ver cómo se le rescata, cómo se le obliga a sustentar desde nuestras hiperbóreas torres de marfil la teoría del arte por el arte, feliz recurso de los hombres que nos podemos permitir el lujo de vivir a espaldas de nuestro tiempo!¨Porque eso si: estas gentes, que ocultan su perfil autentico de fascistas bajo la máscara de ¨la neutralidad de la cultura¨, que confunden la sabiduría bibliotéquica con la vital experimentación del humanista, sienten un santo horror ante la posibilidad de una soldadura autógena higienizante entre el escritor de médula y la médula de los grandes dolores colectivos. Un novelista que, sin olvidar al literato cuando articula diálogos perfectos, sin olvidar al poeta cuando describe las bellezas deslumbradoras de una noche en el mar, sin olvidar al psicólogo, o, si queré is, al psicoanalista cuando realiza formidables exámenes introspectivos, es, por encima de todo, un sociólogo ¨que entra en las cuestiones de su época como el carnicero en la res¨, un novelista, digamos, que no describe la vida de los hombres del mar en pastelitos lamidos de lámina de chocolate, sino en un fuerte terracotta amasado con lágrimas y sangre, ha violado os sagrados preceptos de la neutralidad de la cultura: es hombre de masas, un político, un ¨rojo¨. Está perdido. Mejor. Nosotros nos quedamos con su ¨Cornúa¨ de recias aristas, un hombre de pelo en pecho que dice ¨malas palabras¨ cuando hálito tierno le sacude el corazón vivo debajo de la piel; con su Pepe Martel manso y sobrio, niño grande que no tuvo nunca niñez, criatura predilecta de la fatalidad, brazo que mata en alma de paloma; con su viejo Martín , resignado, pesimista poseedor de la filosofía sofística de los hombres de escasas entendederas; con su Onofre, con su Scout, con su ¨Almirante¨, con sus prostitutas de senos fláccidos y mejillas hundidas, gente real, gente de veras. Aquí están, arrostrando todos los peligros, jugándose una libertad que para nada les sirve y una vida que sólo penas les proporciona. Enrique Serpa los ha inmortalizado. ¨Contrabando¨ restalla como una bofetada su profesión de fe definitiva.Tan cubana en sus ambientes y en sus modos, tan nuestra en cuanto escoge como tema la vida desolada, desamparada y difícil de los hombres de nuestras costas, la novela de Serpa alcanza su estatura continental cuando capta el drama íntimo de quienes aquí como en las costas americanas del Atlántico o del Pacífico levantan implacable índice acusador contra una organización social basada en la explotación y la injusticia. Ha de temblar, cuando lo lea, el hombre de las costas de Chile. Y el de las costas de Colombia. Y el del Perú. Y el de Argentina. El capitalismo imperialista ha industrializado la pesca, la navegación de cabotaje, el tránsito por el mar. La máquina al servicio del dinero – no del trabajo – ha desplazado al hombre. En las costas, hasta las prostitutas sufren las consecuencias: no gana más dinero, ni vive mejor, ni sufre menos, la que vende sus caricias al derelicto humano del Caribe que las vende al derelicto humano del Pacífico o del Atlántico. Los Mister Bourton huronean por todos los tugurios donde un negocio¨ cualquiera tiene posibilidades.¨Contrabando¨es ya, por su estatura y por su categoría, libro de exégesis. Ha de comentarle el sociólogo. Ha de exaltarle el humanista, ha de enjuiciarle el político. Ha de observarle el economista. Pero, en definitiva, ha de consagrarle, agradecido y conmovido, ese público lector de calida que no se recluta en los círculos fascistas – enemigos de la cultura – de los propugnadores de la neutralidad de la cultura, sino en la verticalidad insobornable del hombre verdadero. Libro de nuestro tiempo, ardido y sangrante como nuestro tiempo, ¨Contrabando¨es, más que el limpio estilo de un literato, la verdad sólida de un hombre.

Del hombre. El mundo es pequeño. Serpa- depurado, superado, definitivo – ha dado a su obra de escritor categoría máxima, total.

Por Mariblanca Sabas-Aloma ( poetisa, periodista , 1901-1983 )

Un gran libro cubano y americano

De este bronco y fornido libro de Enrique Serpa, que América toda tendrá que conocer y admirar muy pronto, he de hablar sin esconderme emoción y fervor, porque el cubano ilustre que lo echó al mundo no se los escondió, por cierto, ni puso tapujos de adocenad moderación al apasionado, al tierno mensaje de su ¨Contrabando¨. ¨Contrabando¨es ya la más feliz de las novelas antillanas y una de las más eficaces creaciones del sentimiento americano. Soplos de un mundo nuevo surgen, aquí y allá, a decir la pasión de su suelo. Y con el de Guillermo Meneses, el venezolano que tiene en fiesta-legítima y gloriosa fiesta-a su Caracas, hoy, el nombre de Enrique Serpa incorporado queda a la cabeza de la mención de los hijos de este Continente que trabajan en lo oscuro y amargo de sus patrias por producir luz deslumbradora en los territorios del destino americano. Duélanse en Europa en hora mala de que allá la novela-¿y por qué nada más que la novela? ¡la vida toda y con ella el genio creador del hombre ¡-es cosa liquidada que alcanzó giro postrero en Mann y Proust y Joyce, que en América empieza apenas a balbucirse esa conjugación inspirada de tierra y seres que cuajará un día, pronto, en obra nueva que acaso ya no sea ni novela propiamente, y ahora engalana a nuestras repúblicas con boato sucesivo e ininterrumpido de tipo original y fresca de expresión popular. Ayer en Venezuela y en Argentina, y en Brasil y en México, y en Ecuador y Chile, y en Colombia, y ahora en Cuba, se produce la voz genuina y opulenta que confirma signos de conciencia americana que madura. Que madura y prepara su día universal. ¿Y en qué otra parte de la tierra cuenta el hombre con tamaño material de vida como el que late, inundándonos a todos con su trepidación primordial, en lo remoto de estas patrias que España vino a insertar en el juego de un drama extraño y son hoy hornos convulsos en que se amasa el destino total de la especie? Esperábamos esta honda, esta soberbia voz de Cuba, y seguimos esperando, seguros de que no tardará en brotar, la que viene produciéndose en lo más sangriento del solor de Puerto Rico, y la que habrá de emanar de la alta puna de Bolivia y la selva de Paraguay y el pingüe jardín de quetzales de Centroamérica, en cuyos cinco gajos hermosos, que Morazán soñó devolver a su vigor unitario de poema, hierven estremecimientos de pueblo sojuzgado que pro pugna días libres.

El mundo de Enrique Serpa es cubano y americano hasta la raíz de sus tuétanos. Esos seres que jadean, primordiales, entre los sones de los barracones de marineros de la Habana y los sesenta y cinco pies de eslora de ¨ La Buena Ventura¨, exudan vahos de portentosa verdad antillana. Por cierto que no fue Serpa a buscar tema para su magna novela a las playas negras de Santiago, ni a las vegas villareñas, ni a la paz solariega de Camaguey, ni al ruido cosmopolita de la Habana, sino que le bastó meter mano en una simple frugal aventura de puerto y mar, en la que tiró, como en foro soberbio, a un motón de seres broncos prodigiosamente puestos en pie. Muévense allí siete u ocho gentes de una tripulación de vivero que Serpa ha esculpido como un viejo maestro: piltrafas del humus urbano, misérrimos residuos de una civilización inhumana que buscan su pan en la pesca, en el Golfo de México, y tal cual son-pillos, rencorosos, ladrones cuando se presenta la oportunidad y siempre listos a fajarse a cuchilladas cuando de puntos de decoro de macho se trata-tienen su honra y su ley y son más probos que tantos emboscados que engordan en sus despachos, en la ciudad, y se reparten jugosos dividendos y comercian, celebrados y famosos, con el dolor del prójimo… La novela toda contiene, concentrado y por ello más eficaz, un soplo vehemente de protesta contra la civilización materialista en la cual medran unos cuantos audaces sin escrúpulos sobre la rabia enconada de sus hermanos expoliados. Sin embargo, no la afea una sombra de inane prédica social, de ésas el uso de los barateros de hoy.

Pues el libro eficaz no ha menester de prédica, sino que el mensaje ha de transminar de sus poros y encarnar, elocuente, en el soplo mismo del barro de sus criaturas. Tampoco ¨ La Vorágine¨, ni ¨Don Segundo Sombra¨, ni ¨Campeones¨-esta otra hervorosa novela de Guillermo Meneses-tienen tesis o disco chabacano de prédica, sino mensaje. Quien se ase el pobre recurso ese de la tesis discursera es que carece de mensaje inspirado. Y el libro todo de Serpa -cubano, americano y humano – late de tan genuinamente inspirado. ¡Pero si ahí está Cuba a través de sus hijos primordiales y sus noches mágicas de alcanfor y efluvio, y su ¨aire cálido¨, enervante y pesado, ¨casi visible¨, y el vaho espeso de sus surgideros y sus chinchales y la tristeza angustiosa de sus sones lúbricos, y ahí está América con su revuelta humanidad que crepita en horno de destino nuevo! Yo, por mi parte, no tengo empacho en confesar que me interesa muy poco lo que de Joyce y del monólogo interno haya capturado y trastrocado en giro vernáculo Serpa, lo que me importa y me tiene aquí hablando, ahora, es su vivo, su impetuoso, su corajudo humor americano de suelo y mar y pueblo. Lo otro, como la relamida tesis discursera, y como la técnica toda de un libro, es cosa huera de virtuoso y accidente banal. Libro sin hombre en él- viviente y entero y clamoroso-no vale la pena abrirlo. Vida y libro tienen sentido sólo en razón al hálito de hombre que en ellos padece. Siete u ocho seres convulsos de verdad humana y americana, un mar de ancho aliento soberano y un hilo fibroso y delgado de aventura en el que se mece y hace voz la más acendrada, la más entrañable inflexión de Cuba, eso es todo en ¨Contrabando¨. Y metido entro todo ello como una carta apócrifa entre un haz de barajas sudorosas, un héroe triste de ciudad – contrabando de contrabando

– insertado en el fragor de pujos primordiales en razón, tan sólo, de su plata y su vivero, un señorito langoroso y derretido a fuerza de mordedura de la carne, dolorosamente vuelto hacia sí propio como un monstruo poseído de su inhibición de hombre. Pero ello, aunque toca, claro está, orilla del territorio brumoso y ahogado de Bloom, el de Joyce -¿y cuál voz no toca playa de esa tragedia del hombre europeo de ahora, en América, si por igual somos hijos de un sino en el que amanece apenas y prolongamos, al mismo tiempo, agonía de otro que perece? – es mero accidente sin trascendencia en el plano americano de la creación de Serpa. A Europa hemos de robarle cuanto necesitemos par urdir arquitectura nuestra, a condición de que el instrumental transportado de ajena matriz obtenga en tierra vernácula sello de fuego hombres americanos. Hornos somos y no muralla china. Y muy bien por Serpa, porque su garra cubana supo verter molde postrimero de artificio europeo en limpio cauce de conjugación patria. La patria se hace también captando giros remotos y universales y echándolos a hervir en la infusión de nuestros propios jugos. La patria es boda cuantiosa del genio de un suelo y el aliento plural y total del mundo. Por eso este héroe que relata su poco pujo viril y su honda peripecia interior en ¨Contrabando¨ es, todo de una pieza, americano. ¨Almirante¨ le llaman en son de mofa sangrienta los hombres de su propia tripulación: -¨ ¿y qué era yo, hipócrita, tímido y vanidoso, sino un contrabando entre aquellos hombres?-, perfecto señorito, hez de una casta entre la hez de una casta entre la hez formidable de una civilización , introvertido que no logra vivir sin desgajar entre los dedos, apenas saben nada de la vida. La viven, y nada más y no se paran en puntos de escrúpulos para desahogar un encrespado oleaje de pasión. ¿No jura por ahí ese mozo vestido de hilachas que es Pablo Alonso: ¨Yo no tengo remordimientos, ni conciencia, ni nada, si hago lo que debo, aunque sea matar a un hombre? Los remordimientos vienen cuando se quedan las cosas adentro¨.

Pertenecen a un mundo inocente y primordial, como el del infusorio o las bestias de la selva, Aun matar, cuando andan por ahí agallas de honra por medio, es función que no suscita disturbios en los oscuros hontanares del ser, como no lo suscitan- ¿y por qué habían de suscitarlo? – una digestión, una borrachera o un buen hilo de sueño. Estamos en pleno aire hechizado y bárbaro del Primer Día. Apenas si, al pronto, una voz-una voz que corta, como una centella, el hipo de la rabia del miserable – aúlla, frente al litoral que pertenecen toda su extensión a un solo acaudalado: ¨Todo eso, tú ves, todo eso, pues es de un solo hombre¨. Y caemos, sin sentirlo, en plena angustia de estos años de los inicios del segundo tercio del siglo veinte, angustia que azolva el corazón del mundo y cuyas resacas inundan el sentimiento americano de confusa y rencorosa – y feraz, feraz tambié n-animosidad. ¿Y en qué grito de hombre de ahora cabe borrar esta herida del drama social? La existencia anda mal y tiene rotos sus íntimos resortes, y el hecho universal y terrible trasciende aun a los planos del infusorio y las bestias de la selva.

Muévese por ahí un hombre de once codos de esplendor de vida, macizo de humanidad y de zumos de pueblo, un tal Cornúa -¿habéis visto alguna vez embestir a la cornuda, en las desiertas calmas del Golfo de México? -, patrón de la goleta ¨ La Buena Ventura¨y capitán de chusma de forajidos: la verdad americana que late bajo ese barro de Cuba, curtido por los soles del trópico es hazaña que la garra de Serpa maquinó, como auténtico inspirado que es, recogiendo en calor de hombre los hondos jugos de su pueblo y su suelo. A tambor batiente de celebrar esta agua pomposa de fiesta cubana, fiesta de miserables metidos a contrabandistas, fiesta de pueblo y mar, fiesta del Golfo de México y Enrique Serpa. Pues si no damos música nosotros a nuestros magnos acontecimientos, ¿quién va a darla?.

Y si no celebramos nosotros el paso hermoso y tirado a plomo del corazón del gaucho Martin Fierro y el gaucho Segundo Sombra y el cauchero del Río Negro y el cholo doloroso y sublevado del huasipungo, ¿quién lo celebrará? Orgullo nuestro son- y con él hemos de construir otra vez el mundo-y su huella resuena en el fausto de leguas y leguas de ríos y selvas y en enjoyadas noches de garcero y tulipán de la eslora de América como ruido de mitos que sustentan ya las raíces del día de América. ¡Orgullo de América, el más grande, el más venturoso y trágico de los orgullosos que pueden insuflar el alma del hombre actual!

Que crezca en nuestros conturbados territorios, pues no hay creación feliz y verdadera si antes el hombre no infundió en ella santo orgullo de poseído. Queda ahí clavado, entre selva y el mar, ese lucero que Enrique Serpa prendió en la noche de América, fronterizo del alba cuya primera claridad tienta asomar.

Por Mauricio Magdalena (periodista, escritor mexicano)

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